Icheon, el poder de la tradición

Tradición, del latín traditio, es el conjunto de bienes culturales que se transmite de generación en generación dentro de una comunidad. Se trata de aquellas costumbres y manifestaciones que cada sociedad considera valiosas y las mantiene para que sean aprendidas por las nuevas generaciones, como parte indispensable del legado cultural.

En Corea del Sur, al este de Seúl, hay una ciudad llamada Icheon. Un lugar donde hace unos 5.000 años nació una tradición que ha podido sobrevivir al paso del tiempo manteniendo intacta su esencia. Maestros como Lee Hyang Gu, Choi In Gyu y Yo Se Yeon lo han hecho posible al transmitir su sabiduría y buen hacer a las nuevas generaciones.

“Un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir” (Camargo)

“No desprecies las tradiciones que nos llegan de antaño; ocurre a menudo que las viejas guardan en la memoria cosas que los sabios de otro tiempo necesitaban saber” (Tolkien)

“La verdadera tradición no emana del pasado, ni está en el presente, ni en el porvenir; no es sirviente del tiempo (…) La tradición no es la historia. La tradición es la eternidad” (Castelao)

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Carta abierta de los introvertidos al resto del mundo

Hola, somos nosotros, los introvertidos.

Sólo queríamos escribir una nota breve a todo el mundo para aclarar las cosas. Sabemos que a veces somos un poco enrevesados e incluso irascibles, pero os queremos.

Para ayudaros a tratar con nosotros, hemos creado una lista de los puntos que deberíais tener en cuenta.

1. Los días entre semana son mis días

Juro y perjuro que no es porque no nos caigáis bien. Ni porque hayamos descubierto El ala oeste de la Casa Blanca. Lo cierto es que no queremos estar disponibles tres horas más. Socializar está bien para el fin de semana y para algún que otro jueves (o para todos los jueves, si estás en la universidad). Hasta ahí llegamos. Pero no nos pidáis eso un lunes. Por supuesto, podemos romper las normas en caso de rupturas, reuniones importantes u ocasiones especiales. Así que, básicamente, si no es tu cumpleaños, el encuentro puede esperar hasta el viernes.

2. Si me llamas, que sea por algún motivo

¿Por negocios? Vale, contestamos. ¿Noticias? Bueno. ¿Sólo para hablar? Ja, ja, ja. A menos que ocupes la categoría de ser humano especial, no vamos a contestar a tus llamadas. Francamente, hasta nuestros seres humanos especiales pasan por el escáner (lo siento, mamá). Una vez más, no es que nos caigáis mal. Simplemente, es que no tenemos la energía para hablar por hablar. Los mensajes de texto son nuestros mejores amigos. Si nos escribes un mensaje, tendrás que decirnos de lo que quieres hablar. Nos encanta. Las llamadas son para contactar y conseguir un objetivo. Cualquier otra cosa, no nos vale.

3. Es mejor que haya gente conocida

¡Ay! El jardín de infancia… Hace mucho tiempo nos amontonaban en una clase y nos decían que había que hacer amigos, así que los introvertidos sabemos socializar como cualquier otra persona. Pero no nos confundáis con un extrovertido. La diferencia es que a nosotros nos puede dar un infarto después de una conversación con alguien. Probablemente, sea éste el motivo por el que solemos preguntar: “¿Y quién va a ir?”. No es que no seas guay, es que nos estamos preparando. ¿Por qué?, podréis preguntaros… Porque hablar con desconocidos va unido al hecho de irse pronto de la fiesta. Lo siento, pero no nos arrepentimos.

4. No nos importa andar escasos de amigos

Tiene sentido. Si somos tan malos en la interacción con gente nueva, es lógico que no tengamos millones de amigos. Pero nos da igual. No obstante, los amigos que tenemos son fabulosos. Lo digo por experiencia. Por ejemplo, si eres uno de mis mejores amigos, te sentirás identificado con uno de estos dos puntos:

1. Te abriste paso entre los demás (¡bravo!). 2. Estuvimos encerrados juntos durante un largo período de tiempo y nos vimos obligados a mantener una conversación.No bromeo. Así es como conocí a CINCO de mis mejores amigos. Y se me considera una persona abierta (claro, tengo cinco amigos…).¿Moraleja? Si eres amigo nuestro, te queremos más de lo que crees, y además eres fabuloso.

5. Somos intensos

En serio, no sabemos relajarnos ni tomárnoslo con calma. Cuando estamos metidos en una gran conversación, normalmente tiene que ver con política, religión, dinero, relaciones complicadas o cualquier cosa sobre la que no deberíamos hablar. Estos temas tabús son nuestra fuente de vida en fiestas, no podemos evitarlo. Sí, tu perro es adorable y tu vestido increíble, pero lo que de verdad nos interesa es tu remordimiento como comprador o tu relación con tu madre. Lo siento por adelantado.

6. No sociabilizamos bien

Qué horror. Aquí tienes toda la verdad: nos sentimos desesperados e inseguros cuando invitamos a alguien a cenar, incómodos y falsos cuando contactamos con alguien, y ensimismados cuando hay que conversar con un amigo lejano. No es ninguna excusa; tenemos que esforzarnos más en esto. Pero tened paciencia. Si a ti te resulta más fácil, ayuda a algún introvertido que ande perdido. Somos majos, y nuestras carencias en competencia social se compensan con una buena conversación.

7. Nos gustáis

De verdad. Bueno, no todos nos caéis bien, pero sí muchos de vosotros. Nos gusta que los extrovertidos habléis con nosotros, que nos enviéis mensajes (no que nos llaméis) y que nos contéis lo que ocurre fuera de nuestras mentes temerosas. Aunque nos hemos acomodado en nuestra actitud introvertida, más de una vez nos ha dado envidia la forma en que actuáis. Por tanto, no penséis que tenemos algo en contra vuestra porque prefiramos estar solos. Si os sirve de consuelo, entre nosotros tampoco quedamos. En serio.

((Es un artículo de Kali Rogers para Blush publicado también en el Huffington Post Español))

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Sueños

Sueños - Foto © Rosana Calvo

En 1619, René Descartes, muy joven todavía, soñó mucho en una sola noche.

Según él contó, en el primer sueño caminaba torcido y no se podía enderezar, peleando a duras penas contra el viento que violentamente lo empujaba hacia el colegio y la iglesia.

En el segundo sueño, un rayo lo arrancaba de la cama y la habitación se llenaba de chispas que iluminaban todo.

Y en el tercero, él abría una enciclopedia, buscando un camino para seguir en la vida, pero a la enciclopedia le faltaban esas páginas.

Los hijos de los días · Eduardo Galeano

365 Memories · Diggie Vitt

“Un proyecto 365 en esencia desafía al fotógrafo a tomar y publicar una fotografía todos los días durante un año entero. Les obliga a experimentar, disparar y captar algo nuevo y único cada día, y pone a punto sus habilidades y procesos de edición. ¿Cómo no iba a aceptar ese reto? – Diggie Vitt

Un año.

365 días.

365 fotos.

Eso es 365 Memories, un proyecto del fotógrafo norteamericano Diggie Vitt, que a lo largo de todo un año recorrió los Estados Unidos tomando una fotografía cada día. Imágenes inquietantes, evocadoras, oníricas…

Diggie Vitt 1

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Arise

I’m considering starting a 365 project, hopefully I can push myself to get motivated for a year!

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Change

Let go. Be patient. Change is coming.

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Be aware of who you are. What your capabilities are. The potential impact you can make. Some of us know exactly what we want to do with our future. Maybe we’re going to go get that doctorate or maybe we’re going to take over the family business. Some of us are being tugged by multiple strings that will either please or discourage the contrasting side. Things won’t always be perfect, and you should be thankful for that. Imagine if you gave up after that first unsuccessful audition. Imagine if you were still with your high school sweet heart(unless you still are), how different would your life be?  Yeah, we were upset then, but those moments are necessary for who you are today. Be thankful

diggie vitt 298 st valentine

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Happy Valentines Day!

I wanted to portray a message through this picture, symbolizing that there is someone out there for everyone. Enjoy!

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I’m homeless, with a home.

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I watched an interesting documentary about the last 24-hours before death row. There was an innocent man who stepped into the gas chamber. The officer got a call from the state affirming his innocence, and now a free man. Imagine the relief that man felt!

Diggie Vitt 212

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When something is new we receive a psychological sensation of excitement. But, when an excessive amount of time is devoted to this material or individual, it will begin to lose it’s sensation and appear tedious. How can we sustain this susceptible perception? Simple, open your eyes to the gratification this essence use to produce. Try to imagine your life without this being. Appreciate all the little things.

diggie vitt última foto

365/365

This is the end of my year long project, but I see it as the beginning of something new.

I started this project with my friend Eldred Moye, and I really want to thank him for all of his help and support. He helped me so much with almost every photo for the first 150 days. He definitely offered a lot of encouragement, support, and assisted me on a lot of my difficult shoots! Thanks Eldred!

It’s amazing where this project has brought me! I have been all over the country meeting new friends and visiting old ones! I spent all of December busing my way to NYC for Christmas and New Years. After New Years, I went to Toronto Canada to meet an awesome photographer, Patty Maher! Then I spent all of January making my way south west to St. Louis, and further west to Colorado. Then I spent all of February going west to Los Angeles, and north up to Portland, then I made my way back to Los Angeles where I now live.

Now that I have more time, my goal is to put more time into my photos. This will give me the opportunity to make higher quality and more thought provoking photos.

I encourage anyone to take on this project! It is probably the most difficult challenge of my life, but it is well worth it! I have learned so much from this project, and I now have a portfolio full of pictures that I am very proud of! Even if you’re not a photographer, devote a year to what you love and you will grow so much!

Podéis ver el proyecto completo de Diggie Vitt en su Tumblr y otros de sus trabajos aquí.También lo podéis seguir en Facebook e Instagram.

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Soñemos como galegos!

Soñar sempre será a materia máis importante.

Se queremos que pase algo, temos que soñalo.
Se queremos que pasen cousas novas, soñemos cousas novas.

Porque nesta terra soñar é obrigatorio.

Así que soñemos… soñemos… Soñemos como Galegos!!!

El gen de la amabilidad · Irene Orce

Me gustan especialmente las personas amables. Sobre todo las que son amables casi sin darse cuenta, con pocas palabras y pequeños gestos, de esos que pasan casi inadvertidos, que parece que no significan nada, y que lo son todo.

Me gustan las personas amables, y no porque sean amables conmigo -que también-, sino porque de una forma casi inconsciente me hacen ser amables con ellas, y eso es algo que me hace sentir genial.

A esas personas suelo decirles “gracias”. Gracias por la ayuda, por las palabras amables, por ser como son…cuando en realidad debería decirles gracias por hacerme mejor persona. No se lo digo, pero espero que lo sepan.

Hoy ha sido un día de esos “amables”, con personas amables, y he recordado uno de esos artículos de Irene Orce que tanto me gustan. Se titula El gen de la amabilidad. Y dice así :

“Hay tres cosas importantes en la vida: ser amable, ser amable y ser amable”, Henry James

La amabilidad se encuentra en peligro de extinción. Y posiblemente nunca haya existido una decadencia más inmerecida. En nuestro afán por aprovechar el tiempo, lograr nuestros objetivos, cumplir con todo lo que se espera de nosotros y atender nuestras muchas obligaciones, dejamos a un lado todo lo que no consideramos ‘esencial’. Acortamos las cortesías y vamos directos al grano. A menudo nos encerramos tanto en nuestro mundo que no ‘vemos’ a las personas con las que nos cruzamos o con las que conversamos. Sólo somos capaces de ver lo que necesitamos de ellas. Y si no tienen algo que sea de nuestro interés, ni siquiera les dedicamos un segundo vistazo. En este escenario, no resulta extraño que, por lo general, la amabilidad haya caído en desuso.

No en vano, la amabilidad requiere tiempo y consume atención. La urgencia y el egocentrismo nos hacen priorizar otras cosas, que consideramos “más importantes”. Pero en el camino perdemos algo muy valioso, y mucho más trascendente: la auténtica conexión con otro ser humano. La amabilidad es el vehículo que lo hace posible. Tal vez sea un vehículo antiguo, pero no por ello deja de resultar útil. Y en la cultura de la inmediatez en la que vivimos, resulta más necesario que nunca. Eso sí, la auténtica amabilidad va más allá de la pose y el decoro, de la norma social y la educación convencional. No se trata de fórmulas de cortesía recitadas como una poesía, poniendo más énfasis en la forma que en el contenido. Eso forma parte de nuestro personaje social.

La amabilidad genuina nos recuerda la importancia de ir más allá de nosotros mismos, y nos enseña a mostrar interés real por otras personas. No se trata de un mero intercambio de información: las palabras amables están cuajadas de afecto. Son una muestra de aprecio, estima, simpatía y respeto. Una serie de cualidades que nunca sobra cultivar. Además, esta conjunción de empatía, comprensión y generosidad nos permite abrir tanto la mente como el corazón. Y nos brinda la oportunidad de hacer pequeños gestos que pueden marcar grandes diferencias. Tal vez sea el momento de verificar cuán amables nos mostramos en nuestro día a día.

“La amabilidad es una almohadilla que amortigua los embates de la vida” – Arthur Schopenhauer

Para algunos, ser amable a veces suele interpretarse como una transacción tediosa, un signo de sumisión o incluso de debilidad. Hay quienes lo consideran innecesario, y también quienes reducen la amabilidad a las interacciones con las personas que conocen poco, y la olvidan por completo cuando están con las personas de su círculo más cercano. Pero la realidad es que la amabilidad requiere de un profundo compromiso y comprensión de la naturaleza humana. La evidencia sostiene que se trata de un comportamiento adaptativo, que ha resultado fundamental para construir el mundo en el que vivimos hoy. Es una respuesta integrada en nuestro código genético como resultado del proceso evolutivo.

En una época en la que los recursos eran escasos y las condiciones de vida resultaban a menudo extremas, la mejor opción para ver un nuevo día era la cooperación con otros seres humanos. Lo cierto es que cuanto más poderosos eran los vínculos entre varias personas o grupos, mayores eran las posibilidades de asegurar su supervivencia. Mejoraba las oportunidades de cazar, de protegerse de los depredadores y de construir refugios.Y la empatía jugaba un papel protagonista en ese escenario, pues fomentaba y fortalecía esos vínculos. El pasar de los años refinó nuestra manera de interactuar y de exteriorizar nuestras emociones y pensamientos, y aprendimos a expresar esa empatía a través de la amabilidad. Es lo que explica por qué a día de hoy nuestro instinto nos lleva a saltar inmediatamente de nuestra silla para ayudar cuando alguien se cae al suelo o nos paramos a echar una mano cuando presenciamos un choque en la carretera. La evolución incluyó el ‘gen amable’ en nuestra especie hace miles de años. Somos seres sociales, y este instinto nos ayuda a desarrollar esa dimensión necesaria en nuestra vida. Nuestros ancestros aprendieron esa valiosa lección a conciencia, era una necesidad. Eso es algo que al parecer hemos olvidado… Pero nunca es tarde para recordar.

La amabilidad afecta a las relaciones del mismo modo que una dosis de suavizante en la colada.Hace las cosas fáciles, incluso las palabras fluyen con menos esfuerzo. Además, mejora el estado de ánimo de quien la ofrece y de quien la recibe. Es capaz de convertir un ambiente hostil en uno armonioso. Agrieta las corazas más impenetrables y aligera las situaciones más complicadas. Eso sucede porque reduce la distancia emocional entre dos personas y nos hace sentir más vinculados al otro. Cuando somos amables los unos con los otros sentimos una conexión que mejora y profundiza las relaciones nuevas y refuerza las que ya tenemos. Por si fuera poco, es una de las pocas cosas que podemos poner en práctica cada día sin tener que estar pendientes de posibles contraindicaciones ni efectos secundarios adversos. Nunca resta, sólo suma.

Sin embargo, a pesar de la multitud de beneficios que nos aporta, no siempre es fácil ser amables. No en vano, la amabilidad podría definirse como la capacidad de amar a los demás en todo momento y frente a cualquier situación, lo que supone grandes dosis de comprensión, consciencia y sabiduría. Posiblemente no seamos Ghandi, pero sí tenemos la capacidad de dejar de mirar hacia otro lado. Específicamente, a nuestra zona abdominal, y más concretamente, a nuestro ombligo. A menudo, tenemos nuestra atención tan centrada en nuestra propia vida que nos olvidamos de todo lo demás. La amabilidad nos brinda la oportunidad de ampliar nuestro marco de visión. Nos cruzamos con muchas personas cada día. El panadero, el camarero del bar donde siempre tomamos café, la dependienta de la carnicería, los vecinos de enfrente… Una simple sonrisa, una mirada directa, un por favor, un gracias, un ¿cómo va todo? Resulta suficiente para animar y conectar con la otra persona.

Eso sin olvidarnos de quienes están más cerca de nosotros. Lamentablemente, a veces la convivencia va en detrimento de nuestra amabilidad. Damos las cosas por sentadas, y no cuidamos las palabras ni la manera en la que pedimos las cosas. En muchas ocasiones, más bien exigimos. Pero esta actitud pocas veces nos acerca a los resultados que esperamos obtener. De ahí la importancia de recuperar una herramienta tan valiosa. Ponerla en práctica con nuestra pareja, nuestros padres y nuestros hijos contribuye a sanar las heridas emocionales y a construir –o reconstruir- una conexión profunda basada en el respeto, la atención plena y el auténtico interés y afecto por el otro.

“Con palabras agradables y un poco de amabilidad se puede arrastrar a un elefante de un cabello” – Proverbio Persa

A menudo, miramos el mundo en el que vivimos, retratado con crudeza en cualquier periódico o telediario, y nos invade una profunda sensación de malestar e incomodidad. Crisis, conflicto, problemas de todo tamaño, forma y color… y aunque nuestro idealista interior nos dice que podemos hacer algo para cambiar el desarrollo de los acontecimientos, solemos acallarlo con el argumento de que ‘no está en nuestras manos’. Si bien es cierto que no tenemos una varita mágica con la que transformar la realidad de un día para otro, sí tenemos la capacidad de marcar pequeñas diferencias, especialmente en el plano emocional. Nuestra vida afecta directa e indirectamente la vida de quienes nos rodean, influyendo en ellos por medio de nuestras decisiones, conductas y actitudes. En última instancia depende de nosotros contribuir a construir un mundo más amable.

Con un par de pequeños gestos podemos cambiar el día a una persona. Incluso, sin saberlo, a más de una. No en vano, la amabilidad es contagiosa. Cuando somos amables inspiramos a otros a actuar del mismo modo. Al igual que lanzar una piedra a un estanque genera ondas por toda la superficie, la amabilidad provoca una reacción en cadena de la misma magnitud. Tan sólo tenemos que preguntarnos: ¿Cómo nos sentimos cuando alguien es amable con nosotros? Lo cierto es que esos pequeños gestos afectan positivamente a nuestro estado de ánimo, y nos impulsan a ‘devolver’ esa amabilidad con otras personas. Lo único que necesitamos para iniciar esta ‘revolución amable’ es dejar de ser meros espectadores de la película de nuestra vida y comenzar a actuar. ¿A qué estamos esperando para expandir la ‘epidemia de la amabilidad’?

( Es un artículo de Irene Orce, periodista y divulgadora especializada en temas de psicología, coaching y desarrollo personal. Foto © Rosana Calvo )

La topografía de las lágrimas · Rose Lynn Fisher

Lloramos. Lloramos por tristeza, frustración, rechazo, risa, al bostezar, al cortar cebolla…a veces incluso sin saber muy bien por qué. Lloramos desde que nacemos hasta que morimos. Lloramos porque nos duele el cuerpo o el alma, el nuestro, el de un ser querido…a veces incluso el de alguien desconocido.Lloramos queriendo o sin querer.

Lloramos y algunas veces, muchas veces, las más de las veces, ni nos fijamos en nuestras lágrimas. Todo lo contrario que Rose Lynn Fisher, una fotógrafa estadounidense que, en un período de cambio personal, de grandes pérdidas y muchas lágrimas, decidió coger un microscopio y una cámara para acercar la ciencia al arte y ver si sus lágrimas del dolor eran diferentes a las lágrimas de felicidad.

Rose Lynn Fisher - Lágrimas de dolor

 Lágrimas de dolor 

Rose Lynn Fisher - Lágrimas de reir hasta llorar

 Lágrimas de reir hasta llorar 

De ahí nació “La topografía de las lágrimas”. Agua, proteínas, minerales, hormonas, enzimas…momentos efímeros que Rose Lynn Fisher capturó como si de un paisajes se tratase. Pequeñoso microcosmos de experiencias humanas.

Rose Lynn Fisher - Lágrimas de frustración

Lágrimas de frustración

Rose Lynn Fisher - Lágrimas de recuerdo

Lágrimas al recordar

Rose Lynn Fisher - Lágrimas de esperanza

Lágrimas de esperanza 

Rose Lynn Fisher - Lágrimas de cambio

Lágrimas de cambio

Podéis seguir el trabajo de Rose Lynn Fisher en su web y en Facebook .


Antes de que Egipto fuera Egipto, el sol creó el cielo y las aves que lo vuelan y creó el río Nilo y los peces que lo andan y dio vida verde a sus negras orillas, que se poblaron de plantas y de animales.

Entonces el sol, hacedor de vida, se sentó a contemplar su obra.

El sol sintió la profunda respiración del mundo recién nacido, que se abría ante sus ojos, y escuchó sus primeras voces.

Tanta hermosura dolía.

Las lágrimas del sol cayeron en tierra y se hicieron barro.

Y ese barro se hizo gente.

(De lágrimas somos · Eduardo Galeano)