Je demande · Risto Mejide

A la vida hay que exigirle mucho. A la vida hay que exigirle bien. Porque no te preocupes que ella ya se ocupará de exigirte a ti cuando menos te lo esperes y por la razón más insospechada. Un día sales de casa y búm. Un día vuelves de un chequeo rutinario y zas. Un día coges el coche y pam. Es siempre más tarde de lo que te crees. Cualquier día te cambian las reglas de este juego al que llamamos vida, y lo hacen sin que nadie te pida permiso y sin avisar. Así que plantéatelo ahora o atente a las consecuencias. Porque puede que jamás exista un espérate, porque puede que para ti no haya previsto un después.

Por eso, yo exijo. Exijo sentir cosas todos los días. Buenas, malas y regulares. Todas y cada una de ellas. Me da igual. Miedo, asco, rabia, ira, sorpresa, alegría y tristeza. Porque un día sin emociones es un día perdido. Y porque ahí donde la emoción manda, es siempre donde ocurren las cosas, es donde yo exijo estar.

Yo exijo. Exijo no pasar ni un sólo día sin estar enamorado. No hablo de estar acomodado. Ni de dejarme simplemente llevar por la inercia. No. Exijo mariposas todos los días. Y exijo también a alguien a mi lado que las quiera mantener más allá de lo razonable, más allá de lo racional. Alguien que esté dispuesta a dejarse la vida en el intento. Y que quiera casarse cada día conmigo. Y que lo demuestre en cada tempestad. Exijo que se lo curre tanto o más que yo. Y si no, no me vale la pena ni el simple hecho ya no de estar en pareja, sino de respirar. Ah y una cosa más. Exijo que la prudencia se tome vacaciones eternas conmigo. Porque jamás me ha garantizado nada el hecho de ir poco a poco. Ni me ha hecho más feliz. Exijo que deponga sus armas hasta que me asegure que mientras yo sea prudente, nada de lo que me gusta se va a terminar.

Yo exijo. Exijo viajar hasta que el cuerpo aguante. Cada rincón del planeta esconde algo o alguien que tiene algo que enseñarme, cada kilómetro recorrido es otra lección de la que aprender. Soy consciente de que hay casi doscientos países en el mundo, y que yo habré visto siempre muy pocos, con mucha suerte llegaré a conocer la mitad. Y sobre todo, lo más importante, habré estado siempre en menos de los que visité. Un destino es una oportunidad para reencontrarse. Un hogar es donde vacías tus maletas. Y un origen es donde dejas que crezcan los recuerdos. Por eso, por mucho que te alejes, ellos se crecen más.

Yo no exijo un trabajo, exijo dejar de tener las sensación de trabajar. Porque es entonces cuando te estás dedicando a lo que realmente te gusta. Porque es entonces cuando realmente puedes llegar a ser bueno, o como mínimo, a poderlo disfrutar. Cuando el ocio deja de ser la negación del negocio. Cuando los lunes dejan de ser un suplicio, para convertirse en el único día de la semana al que quieres llegar. Lo antes posible, o sea, ya. No concibo ni un sólo día de mi existencia dedicado a algo que no merezca mi tiempo, mi vida, mi sacrificio, mi dedicación profesional.

Pero es que yo exijo también conversaciones. Conocer gente que me aporte algo interesante. Dejar de perder el tiempo con historias tóxicas y desgastadas. Exijo una vida sin capullos, sin mediocres, sin gilipollas, que ya tengo bastante conmigo. Y ponerme a sumar. Siempre sumar. Cada vez me queda menos tiempo para desperdiciar. Así que me he vuelto muy exigente con el tiempo que le dedico a cualquier prójimo. No porque no lo merezcan, o porque yo me crea especial. No tiene nada que ver con eso. Sino con la sensación de unicidad, de que esto que puedo vivir hoy tiene fecha de caducidad. Cada minuto que te dedico, se lo estoy quitando a los demás. Así que me tiene que valer la pena. Algo me tiene que aportar. Dejarse de tonterías e ir al grano. No es una pose. Es una obsesión por aprovechar cada oportunidad.

Y ya puestos a exigir, yo exijo luz de luna. Como Chavela. Pero no sólo para mis noches tristes. Para las alegres, también. Y exijo que el sol vuelva a salir por donde quiera. Porque si sale siempre por el mismo sitio, te juro que pillo la pistola de Saza y me lío a tiros como él.

Yo le exijo todo esto a la vida.

Y lo más importante, como sé que no está en sus planes proporcionármelo, no pienso quedarme de brazos cruzados esperando a que me lo facilite.

Lo pienso ir a buscar.

JE DEMANDE es un artículo de RISTO MEJIDE publicado aquí. Además de en su web, podéis seguirlo en Facebook y Twitter. Suele decir cosas con mucho sentido.

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Denali · Ben Moon

Había un científico realmente inteligente que pensaba que la gente podía aprender mucho de los perros. Dijo que cuando alguien que quieres entra por la puerta, incluso si pasa cinco veces al día, deberías volverte loco de alegría. Ben Moon lo aprendió de Denali, y así quiso transmitírnoslo…

Maravillosos casi 8 minutos de amor verdadero…

Credits:  Ben Moon

Denali - Ben Moon

Todos los días amanece · Pepe Mújica

Estamos navegando en un barquito que se llama Tierra. Tiene en sus entrañas el milagro de la vida y da vuelta por el Universo. Tenemos que hacernos responsables de la vida y de la suerte de ese barquito. Es como si estuviéramos navegando en un gigantesco océano del cual tenemos que temer y después nos tenemos que defender. Dentro del barquito tenemos que tener unidad en la tripulación para manejarlo con el mayor oficio. Esto es el destino de la humanidad. ¿Lo podrá hacer? Yo no sé. Esto no es sencillo, porque los gobiernos están ocupados en quién gana en las elecciones que vienen. Los problemas de la humanidad no conmueven a nadie, en todo caso, son la preocupación de algunos hombres de ciencia que nos dicen tal o cual cosa, pero no sacuden el mundo. Y mientras la feria continúa (…).

Creo que nunca ha habido una época tan portentosamente revolucionaria para la humanidad como ésta. Nunca la humanidad tuvo los recursos que tiene hoy. Y esto es bueno que se lo ponga en la cabeza como interrogante la gente joven. No hay lugar para el pesimismo, no hay lugar para la aventura. Hay lugar para el compromiso. A los seres humanos no hay que dividirlos en hombres y en mujeres, en jóvenes y viejos, en raza, en amarillos, en negros. A los seres humanos hay que dividirlos en dos tipos: los que se comprometen y los que no se comprometen (…).

Se puede vivir porque se nació y es una forma vegetativa de vivir, como cualquier animal, como cualquier bicho. Pero se puede vivir porque a la vida se le da un sentido, se le da hasta cierto punto una orientación. No vivimos sólo porque nacemos. Podemos darle una orientación, hasta cierto punto en términos relativos, al esfuerzo de nuestra vida y tenemos que convocar a los jóvenes, a los que están haciendo, a que no hay derecho a tener desesperanza, no hay derecho a ser pelotudo en este mundo. A levantarse a las once de la mañana porque no tengo nada que hacer. A desesperanzarse porque no conseguí esto o no conseguí el otro. Nunca le regalaron nada a la juventud, la juventud se abre paso a codazos en la lucha por la vida (…).

Ese es el pedido que le quiero hacer a la gente joven porque tiene un enorme desafío, pero se lo digo en mi nombre y en el de otros luchadores viejos, de mi vieja y de otros. Mirarse al espejo y sentir la sensación de que uno no traicionó los sueños. Ha seguido luchando y luchando, y está comprometido con la verdad y tener alegría de vivir. A tal punto que si me tocara vivir de vuelta le diría pulpero sírveme otra vuelta porque esta vida es hermosa. Yo no concuerdo con eso de que esto es un valle de lágrimas para ir al paraíso. No te pelo con eso. El paraíso y el infierno están acá. Depende de nosotros (…).

Pelear por un país de gente feliz y pelear por gente que tenga libertad. Que tenga un margen de tiempo libre para hacer con su vida lo que le gusta, sin joder a nadie. Eso es ser feliz. Mirá que es sencillo. Si tenés muchas cosas, ya te viene la envidia. La necesidad de refregarle a otro que sos más poderoso. Y comprarse un vino de cinco mil dólares la botella para que el otro te envidie. Y decir: este vino me costó cinco mil dólares. O te comprás un auto que te cueste un ojo de la cara, pero no importa, caes en toda una aparatosidad de poder porque te dejás llevar por una cultura que significa que te reafirmás más como persona si le demostrás al otro que sos superior. No. No vamos a tener jamás un mundo mejor si nosotros no somos capaces de ir peleando por ser mejores cada uno de nosotros.

Y esta es una lucha que la tenemos adentro y podemos, y vaya que podemos, y debemos pelear con este que tenemos adentro. Pero tenemos que entender esto: nada cae del cielo como regalo de los dioses de un día para otro. Así como un edificio se va construyendo a bloquecito y a ladrillo y cuesta mucho esfuerzo, disciplina y tecnología, la mejora de una sociedad no es sólo un día, no es sólo un empujón, es una larga marcha. Es el colectivo que hay que construir, y para construir el colectivo hay que recordar que nadie es más que nadie y que estamos llenos de defectos (…).

La vida me enseñó, justo lo que dijo Lucía, los únicos derrotados son aquellos que bajan los brazos, que no luchan. En todos los órdenes de la vida, no solo estoy hablando en el campo de la política y la economía, en el campo del amor, en el campo de las relaciones humanas, siempre estás expuesto a sufrir porrazos y derrotas, pero siempre, si tienes el coraje de volver a empezar, te darás cuenta de que todos los días amanece. Y que todos los días se puede arrancar de nuevo.

(Fragmento del discurso del ex presidente de Uruguay, Pepe Mújica, en el auditorio de Hostafrancs, en Barcelona, recogido íntegramente por Raíces al aire en Blog Raices al aire)