Muir Song · John Muir

 

“The sun shines not on us but in us. The rivers flow not past, but through us. Thrilling, tingling, vibrating every fiber and cell of the substance of our bodies, making them glide and sing. The trees wave and the flowers bloom in our bodies as well as our souls, and every bird song, wind song, and tremendous storm song of the rocks in the heart of the mountains is our song, our very own, and sings our love.” (John Muir) 

 

 

“En cada paseo por la naturaleza, el hombre recibe mucho más de lo que busca”

 

John Muir (Escocia 1938 – Los Ángeles 1914)  fue un prolífico naturalista que escribió más de 300 artículos y 10 libros, donde narró sus viajes y exploraciones, y expuso y defendió su filosofía sobre la naturaleza, la vida salvaje y la preservación de los grandes espacios. Fue, además, el fundador del “Sierra Club” el primer grupo conservacionista de la Historia en 1892.

(Más sobre John Muir en texto AQUÍ, y en vídeo AQUÍ)

 

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Lecciones sobre creatividad· Julie Burstein

“Hay que aceptar la pérdida, la experiencia humana más antigua y constante. Para crear, tenemos que pararnos en ese espacio entre lo que vemos en el mundo y lo que anhelamos, mirando de frente al rechazo, a la angustia, la guerra y la muerte. Es un espacio difícil de soportar. El educador Parker Palmer lo llama “la brecha trágica”; trágica no por lo triste sino por lo inevitable, y a mi amigo Dick Nodel le gusta decir: “Se puede mantener esa tensión como en una cuerda de violín y hacer algo hermoso”

Podéis encontrar más información sobre Julie Burstein en su web.

Respira

De la importancia de respirar para controlar nuestras emociones…

“Se cuenta que un niño estaba siempre malhumorado y cada día se peleaba en el colegio con sus compañeros. Cuando se enfadaba, se abandonaba a la ira y decía y hacía cosas que herían a los demás niños. Consciente de la situación, un día su padre le dio una bolsa de clavos y le propuso que,cada vez que discutiera o se peleara con algún compañero,clavase un clavo en la puerta de su habitación. El primer día clavó treinta y tres. Terminó agotado, y poco a poco fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira que clavar clavos en aquella puerta. Cada vez que iba a enfadarse se acordaba de lo mucho que le costaría clavar otro clavo, y en el transcurso de las semanas siguientes, el número de clavos fue disminuyendo. Finalmente,llegó un día en que no entró en conflicto con ningún compañero. Había logrado apaciguarsu actitud y su conducta. Muy contento porsu hazaña,fue corriendo a decírselo a su padre, quien sabiamente le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta. Meses más tarde, el niño volvió corriendo a los brazos de su padre para decirle que ya había sacado todos los clavos.Le había costado un gran esfuerzo. El padre lo llevó ante la puerta de la habitación. “Te felicito”,le dijo. “Pero mira los agujeros que han quedado en la puerta” (Del texto “Dominar las emociones”, de Irene Orce)

Respirar para controlar las emociones…y respirar para sentirse vivo (“Breath“)

Valientes

Valientes - First V1sion

En la vida hay dos tipos de personas: valientes y cobardes.

Los valientes siempre miran hacia delante. Los cobardes hacia atrás.

Los valientes motivan. Los cobardes reprochan.

Los valientes respetan los sueños. Los cobardes los ridiculizan.

Un cobarde siempre te dirá: no lo hagas, vas a fracasar.

Un valiente te dirá que el fracaso es no intentarlo. 

Fracaso. ¡Vaya palabra! Seguro que la inventó un cobarde.

¿Cuánto tiempo llevas sin contradecir a tu destino? 

¿Cuántas vidas necesitas para entender que sólo tienes una?

(…)

#SeBuscanValientes #BeTheBrave 

“Con nuestra tecnología podrás ver lo que ven tus ídolos en tiempo real durante una retransmisión en directo”. Fantástica publi, fantástico claim y fantásticos hashtags de First V1sion, una plataforma para retransmisiones deportivas.

¿Buscar o descubrir? · Las puertas entreabiertas

Imagina que vas de compras a buscar un modelo de zapatos que te gustan mucho.

Seguro que lo primero que harás será ir a la zona de tiendas que conozcas. Aunque esas tiendas tengan chaquetas, gorras y cosas que normalmente te llamarían la atención, tú sólo vas a por esos zapatos. Tienes tantas ganas de tener ese modelo…lo quieres, lo necesitas… y no te das cuenta que esa tienda tiene un montón de cosas que podrían gustarte.Lo mismo ocurre al buscar pareja, un grupo de colegas o tu mejor amigo. Funciona exactamente de la misma manera. El hecho de buscar algo en concreto condiciona lo que vas a encontrar, y si vas directo a esas tiendas te estarás perdiendo otras muchas, incluso con mejores precios.Y mientras buscas ese modelo de zapato específico, puedes estar perdiéndote todas esas chaquetas y gorras de tu alrededor.
Cervantes dijo una vez: ” el que no sabe gozar de la aventura cuando le viene no debe quejarse cuando pasa”. Y yo, personalmente, baso parte mi vida en una analogía que bauticé como ” las puertas entreabiertas”.

Aunque suene raro, cada vez que conozco a una persona me imagino un número infinito de puertas delante de mí. Y cada una de ellas puede contener algo distinto detrás. A lo mejor una nueva amistad, un lío de una sóla noche o, quizá, el amor de tu vida. O, no sé, igual ese amor especial que no es amistad y no es sólo sexo y que no sabes muy bien cómo explicarlo porque, entre el blanco y el negro, hay un sinfín de tonalidades de gris. Apuesto a que ya habías escuchado esa frase antes. Plantéatelo así. Si solo buscas un lío de una noche, quizá te pierdas a ese amigo especial. Si te cierras a tener sólo amor, puede ser que se te pase la mejor noche de sexo que hayas tenido jamás. Si sigues buscando sólo amistad a lo mejor no conocerás al amor de tu vida.

Creemos que todo lo que hacemos lo pensamos de una manera racional, y que nuestros instintos son cosa del pasado. ¿Tú te consideras una persona racional? ¿Totalmente dueña de sus actos y de todo lo que haces? Son muchos los instintos que nos mueven todos los días… muchos los instintos que creemos no tener y que luchamos contra ellos. ¿Por qué no nos guiamos más por lo que sentimos de manera irracional e inexplicable? Por las mariposas, por el nudo en el estómago… y no por lo que pensamos o nos hace pensar la sociedad podrida de prejuicios en la que vivimos. “Ah no! yo es que se lo que busco. Quiero una pareja que me quiera, que me mime y que valore lo que hago y que me haga sentir especial“. A ver ¿hablamos de enamorarnos o de pedir una hamburguesa en un restaurante cualquiera? No sé… que tal una vida donde arrepentirnos de lo que hemos hecho y no de llevarnos el “¿y sí?” a la tumba.

Si decides dejar las puertas entreabiertas, si decides no prejuzgar…¡no os podéis imaginar la cantidad de experiencias que se pueden llegar a vivir! ¿Sabéis cuántas veces me han mirado por encima del hombro y me han dicho: ” ¡estás loco! esas cosas pasan solo en las películas”.Os puedo asegurar que eso no es verdad, y también os puedo asegurar que ninguna de esas cosas llevaba la etiqueta de “es lo que se debe hacer”, “es lo mejor para mi futuro”, ” es lo que me conviene”, “qué pensarán de mí”. ¿ De verdad es más importante toda esa basura que tu felicidad? Porque yo creo que no.

Recuerdo algo que escribí no hace mucho que decía: “Explicar un sentimiento es como entender la poesía, tú tienes tu metáfora y yo tengo la mía”. Lo que quiero decir es que cada uno entiende lo que siente de una manera distinta y cada uno tiene puntos de vistas diferentes, incluso sobre una misma cosa, pero a mi parecer, para tener un opinión válida de algo, debes haberlo vivido primero.

Las puertas entreabiertas

Quizá os suene esta escena: “Hijo, cómete la verdura…mamá, es que no me gusta…cómo sabes que no te gusta si ni la has probado?”. ¿Sabes por qué tanta gente se rodea de personas equivocadas? Porque dicen que no les gusta la verdura cuando jamás la han probado. Se pasan la vida buscando algo que piensan, sin darse la oportunidad de descubrir algo que sienten.

(Video y texto de Lytos)

El puzzle de la motivación · Dan Pink

Once upon a time

A mediados de los años 90, Microsoft empezó a crear una enciclopedia llamada Encarta. Pagaron a profesionales para que escribieran y editaran miles de artículos, y administradores bien recompensados supervisaron todo el asunto para asegurar que se realizara en presupuesto y en tiempo.

Unos años más tarde, empezó a crearse otra enciclopedia: Wikipedia. Un modelo distinto, con un lema distinto: hazlo por diversión. Nadie ganaba un centavo, un euro o un yen. Simplemente lo hacían porque les gustaba hacerlo.

Zanahorias y palos contra autonomía, maestría y propósito. Motivadores extrínsecos contra motivadores intrínsecos. Ningún economista en ningún lugar del planeta hubiese predicho que triunfaría el modelo Wikipedia. Y sin embargo así fue.

Y ahí está el verdadero secreto de la motivación en el trabajo.

“Hay una discrepacia entre lo que la ciencia sabe y lo que los negocios hacen, y demasiadas organizaciones están tomando decisiones sobre sus políticas sobre el talento y las personas basándose en suposiciones anticuadas, no examinadas y arraigadas más en el folclore que en la ciencia. Ya no sirve seducir a la gente con una zanahoria más dulce, o amenazarla con un palo más puntiagudo. Necesitamos un enfoque totalmente nuevo”

“Las buenas noticias son que los científicos que han investigado la motivación nos han dado este nuevo enfoque, un enfoque basado en la motivación intrínseca, en hacer las cosas porque son importantes, porque nos gustan, porque son interesantes, porque forman parte de algo más importante. Este enfoque se basa en tres elementos: autonomía (el impulso de dirigir nuestras propias vidas), maestría (el deseo de volverse mejor y mejor en algo que importa) y propósito (el anhelo de hacer lo que hacemos en servicio de algo más grande que nosotros mismos)”.

Podéis leer más sobre Daniel Pink en su web y seguirlo en Facebook y Twitter.

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¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

En una aldea vivía un granjero muy sabio que compartía una pequeña casa con su hijo. Un buen día, al ir al establo a dar de comer al único caballo que tenían, el chico descubrió que se había escapado. La noticia corrió por todo el pueblo. Tanto es así, que los habitantes enseguida acudieron a ver al granjero. Y con el rostro triste y apenado, le dijeron: “¡Qué mala suerte habéis tenido, para un caballo que poseíais y se os ha marchado!”. Y el hombre, sin perder la compostura, simplemente respondió: “Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?”.

Unos días después, el hijo del granjero se quedó sorprendido al ver a dos caballos pastando enfrente de la puerta del establo. Por lo visto, el animal había regresado en compañía de otro, de aspecto fiero y salvaje. Cuando los vecinos se enteraron de lo que había sucedido, no tardaron demasiado en volver a la casa del granjero. Sonrientes y contentos, le comentaron: “¡Qué buena suerte habéis tenido. No solo habéis recuperado a vuestro caballo, sino que ahora, además, poseéis uno nuevo!”. Y el hombre, tranquilo y sereno, les contestó: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

Solo veinticuatro horas más tarde, padre e hijo salieron a cabalgar juntos. De pronto, el caballo de aspecto fiero y salvaje empezó a dar saltos, provocando que el chaval se cayera al suelo. Y lo hizo de tal manera que se rompió las dos piernas. Al enterarse del incidente, la gente del pueblo fue corriendo a visitar al granjero. Y una vez en su casa, de nuevo con el rostro triste y apenado, le dijeron: “¡Qué mala suerte habéis tenido. El nuevo caballo está gafado y maldito. Pobrecillo tu hijo, que no va a poder caminar durante unos cuantos meses!”. Y el hombre, sin perder la compostura, volvió a responderles: “Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?”.

Tres semanas después, el país entró en guerra. Y todos los jóvenes de la aldea fueron obligados a alistarse. Todos, salvo el hijo del granjero, que al haberse roto las dos piernas debía permanecer reposando en cama. Por este motivo, los habitantes del pueblo acudieron en masa a casa del granjero. Y una vez más le dijeron: “¡Qué buena suerte habéis tenido. Si no se os hubiera escapado vuestro caballo, no habríais encontrado al otro caballo salvaje. Y si no fuera por este, tu hijo ahora no estaría herido. Es increíble lo afortunados que sois. Al haberse roto las dos piernas, tu muchacho se ha librado de ir a la guerra!”. Y el hombre, completamente tranquilo y sereno, les contestó: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

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La primera vez que escuché este cuento fue a través de Álex Rovira, al que tuve la suerte de entrevistar mientras trabajaba para el Open Your Mind 2014. Es una historia que invita a reflexionar sobre cómo vemos (nosotros y el resto) las cosas que nos suceden en la vida, de una forma que, en muchos casos (¿en la mayoría de los casos?) es parcial y limitada. Sólo el tiempo y los acontecimientos futuros nos permiten alcanzar una perspectiva más amplia y global, quizás también más correcta.

“No es que las cosas se arreglen con el tiempo, si no que con el tiempo las cosas terminan por hacerse, y se ven desde otra perspectiva” (RH)

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Millennials · ¿Somos millennials? ¡Seamos millennials!

¿Qué estás haciendo en este exacto momento? ¿Es algo que te apasiona?

¿Estás haciendo lo que te apasiona en este momento? ¿No? Pues empieza!

El reloj está sonando y tiene prisa.

Amar lo que haces te pone en movimiento.

Todos los días.

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Carta abierta de los introvertidos al resto del mundo

Hola, somos nosotros, los introvertidos.

Sólo queríamos escribir una nota breve a todo el mundo para aclarar las cosas. Sabemos que a veces somos un poco enrevesados e incluso irascibles, pero os queremos.

Para ayudaros a tratar con nosotros, hemos creado una lista de los puntos que deberíais tener en cuenta.

1. Los días entre semana son mis días

Juro y perjuro que no es porque no nos caigáis bien. Ni porque hayamos descubierto El ala oeste de la Casa Blanca. Lo cierto es que no queremos estar disponibles tres horas más. Socializar está bien para el fin de semana y para algún que otro jueves (o para todos los jueves, si estás en la universidad). Hasta ahí llegamos. Pero no nos pidáis eso un lunes. Por supuesto, podemos romper las normas en caso de rupturas, reuniones importantes u ocasiones especiales. Así que, básicamente, si no es tu cumpleaños, el encuentro puede esperar hasta el viernes.

2. Si me llamas, que sea por algún motivo

¿Por negocios? Vale, contestamos. ¿Noticias? Bueno. ¿Sólo para hablar? Ja, ja, ja. A menos que ocupes la categoría de ser humano especial, no vamos a contestar a tus llamadas. Francamente, hasta nuestros seres humanos especiales pasan por el escáner (lo siento, mamá). Una vez más, no es que nos caigáis mal. Simplemente, es que no tenemos la energía para hablar por hablar. Los mensajes de texto son nuestros mejores amigos. Si nos escribes un mensaje, tendrás que decirnos de lo que quieres hablar. Nos encanta. Las llamadas son para contactar y conseguir un objetivo. Cualquier otra cosa, no nos vale.

3. Es mejor que haya gente conocida

¡Ay! El jardín de infancia… Hace mucho tiempo nos amontonaban en una clase y nos decían que había que hacer amigos, así que los introvertidos sabemos socializar como cualquier otra persona. Pero no nos confundáis con un extrovertido. La diferencia es que a nosotros nos puede dar un infarto después de una conversación con alguien. Probablemente, sea éste el motivo por el que solemos preguntar: “¿Y quién va a ir?”. No es que no seas guay, es que nos estamos preparando. ¿Por qué?, podréis preguntaros… Porque hablar con desconocidos va unido al hecho de irse pronto de la fiesta. Lo siento, pero no nos arrepentimos.

4. No nos importa andar escasos de amigos

Tiene sentido. Si somos tan malos en la interacción con gente nueva, es lógico que no tengamos millones de amigos. Pero nos da igual. No obstante, los amigos que tenemos son fabulosos. Lo digo por experiencia. Por ejemplo, si eres uno de mis mejores amigos, te sentirás identificado con uno de estos dos puntos:

1. Te abriste paso entre los demás (¡bravo!). 2. Estuvimos encerrados juntos durante un largo período de tiempo y nos vimos obligados a mantener una conversación.No bromeo. Así es como conocí a CINCO de mis mejores amigos. Y se me considera una persona abierta (claro, tengo cinco amigos…).¿Moraleja? Si eres amigo nuestro, te queremos más de lo que crees, y además eres fabuloso.

5. Somos intensos

En serio, no sabemos relajarnos ni tomárnoslo con calma. Cuando estamos metidos en una gran conversación, normalmente tiene que ver con política, religión, dinero, relaciones complicadas o cualquier cosa sobre la que no deberíamos hablar. Estos temas tabús son nuestra fuente de vida en fiestas, no podemos evitarlo. Sí, tu perro es adorable y tu vestido increíble, pero lo que de verdad nos interesa es tu remordimiento como comprador o tu relación con tu madre. Lo siento por adelantado.

6. No sociabilizamos bien

Qué horror. Aquí tienes toda la verdad: nos sentimos desesperados e inseguros cuando invitamos a alguien a cenar, incómodos y falsos cuando contactamos con alguien, y ensimismados cuando hay que conversar con un amigo lejano. No es ninguna excusa; tenemos que esforzarnos más en esto. Pero tened paciencia. Si a ti te resulta más fácil, ayuda a algún introvertido que ande perdido. Somos majos, y nuestras carencias en competencia social se compensan con una buena conversación.

7. Nos gustáis

De verdad. Bueno, no todos nos caéis bien, pero sí muchos de vosotros. Nos gusta que los extrovertidos habléis con nosotros, que nos enviéis mensajes (no que nos llaméis) y que nos contéis lo que ocurre fuera de nuestras mentes temerosas. Aunque nos hemos acomodado en nuestra actitud introvertida, más de una vez nos ha dado envidia la forma en que actuáis. Por tanto, no penséis que tenemos algo en contra vuestra porque prefiramos estar solos. Si os sirve de consuelo, entre nosotros tampoco quedamos. En serio.

((Es un artículo de Kali Rogers para Blush publicado también en el Huffington Post Español))

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El gen de la amabilidad · Irene Orce

Me gustan especialmente las personas amables. Sobre todo las que son amables casi sin darse cuenta, con pocas palabras y pequeños gestos, de esos que pasan casi inadvertidos, que parece que no significan nada, y que lo son todo.

Me gustan las personas amables, y no porque sean amables conmigo -que también-, sino porque de una forma casi inconsciente me hacen ser amables con ellas, y eso es algo que me hace sentir genial.

A esas personas suelo decirles “gracias”. Gracias por la ayuda, por las palabras amables, por ser como son…cuando en realidad debería decirles gracias por hacerme mejor persona. No se lo digo, pero espero que lo sepan.

Hoy ha sido un día de esos “amables”, con personas amables, y he recordado uno de esos artículos de Irene Orce que tanto me gustan. Se titula El gen de la amabilidad. Y dice así :

“Hay tres cosas importantes en la vida: ser amable, ser amable y ser amable”, Henry James

La amabilidad se encuentra en peligro de extinción. Y posiblemente nunca haya existido una decadencia más inmerecida. En nuestro afán por aprovechar el tiempo, lograr nuestros objetivos, cumplir con todo lo que se espera de nosotros y atender nuestras muchas obligaciones, dejamos a un lado todo lo que no consideramos ‘esencial’. Acortamos las cortesías y vamos directos al grano. A menudo nos encerramos tanto en nuestro mundo que no ‘vemos’ a las personas con las que nos cruzamos o con las que conversamos. Sólo somos capaces de ver lo que necesitamos de ellas. Y si no tienen algo que sea de nuestro interés, ni siquiera les dedicamos un segundo vistazo. En este escenario, no resulta extraño que, por lo general, la amabilidad haya caído en desuso.

No en vano, la amabilidad requiere tiempo y consume atención. La urgencia y el egocentrismo nos hacen priorizar otras cosas, que consideramos “más importantes”. Pero en el camino perdemos algo muy valioso, y mucho más trascendente: la auténtica conexión con otro ser humano. La amabilidad es el vehículo que lo hace posible. Tal vez sea un vehículo antiguo, pero no por ello deja de resultar útil. Y en la cultura de la inmediatez en la que vivimos, resulta más necesario que nunca. Eso sí, la auténtica amabilidad va más allá de la pose y el decoro, de la norma social y la educación convencional. No se trata de fórmulas de cortesía recitadas como una poesía, poniendo más énfasis en la forma que en el contenido. Eso forma parte de nuestro personaje social.

La amabilidad genuina nos recuerda la importancia de ir más allá de nosotros mismos, y nos enseña a mostrar interés real por otras personas. No se trata de un mero intercambio de información: las palabras amables están cuajadas de afecto. Son una muestra de aprecio, estima, simpatía y respeto. Una serie de cualidades que nunca sobra cultivar. Además, esta conjunción de empatía, comprensión y generosidad nos permite abrir tanto la mente como el corazón. Y nos brinda la oportunidad de hacer pequeños gestos que pueden marcar grandes diferencias. Tal vez sea el momento de verificar cuán amables nos mostramos en nuestro día a día.

“La amabilidad es una almohadilla que amortigua los embates de la vida” – Arthur Schopenhauer

Para algunos, ser amable a veces suele interpretarse como una transacción tediosa, un signo de sumisión o incluso de debilidad. Hay quienes lo consideran innecesario, y también quienes reducen la amabilidad a las interacciones con las personas que conocen poco, y la olvidan por completo cuando están con las personas de su círculo más cercano. Pero la realidad es que la amabilidad requiere de un profundo compromiso y comprensión de la naturaleza humana. La evidencia sostiene que se trata de un comportamiento adaptativo, que ha resultado fundamental para construir el mundo en el que vivimos hoy. Es una respuesta integrada en nuestro código genético como resultado del proceso evolutivo.

En una época en la que los recursos eran escasos y las condiciones de vida resultaban a menudo extremas, la mejor opción para ver un nuevo día era la cooperación con otros seres humanos. Lo cierto es que cuanto más poderosos eran los vínculos entre varias personas o grupos, mayores eran las posibilidades de asegurar su supervivencia. Mejoraba las oportunidades de cazar, de protegerse de los depredadores y de construir refugios.Y la empatía jugaba un papel protagonista en ese escenario, pues fomentaba y fortalecía esos vínculos. El pasar de los años refinó nuestra manera de interactuar y de exteriorizar nuestras emociones y pensamientos, y aprendimos a expresar esa empatía a través de la amabilidad. Es lo que explica por qué a día de hoy nuestro instinto nos lleva a saltar inmediatamente de nuestra silla para ayudar cuando alguien se cae al suelo o nos paramos a echar una mano cuando presenciamos un choque en la carretera. La evolución incluyó el ‘gen amable’ en nuestra especie hace miles de años. Somos seres sociales, y este instinto nos ayuda a desarrollar esa dimensión necesaria en nuestra vida. Nuestros ancestros aprendieron esa valiosa lección a conciencia, era una necesidad. Eso es algo que al parecer hemos olvidado… Pero nunca es tarde para recordar.

La amabilidad afecta a las relaciones del mismo modo que una dosis de suavizante en la colada.Hace las cosas fáciles, incluso las palabras fluyen con menos esfuerzo. Además, mejora el estado de ánimo de quien la ofrece y de quien la recibe. Es capaz de convertir un ambiente hostil en uno armonioso. Agrieta las corazas más impenetrables y aligera las situaciones más complicadas. Eso sucede porque reduce la distancia emocional entre dos personas y nos hace sentir más vinculados al otro. Cuando somos amables los unos con los otros sentimos una conexión que mejora y profundiza las relaciones nuevas y refuerza las que ya tenemos. Por si fuera poco, es una de las pocas cosas que podemos poner en práctica cada día sin tener que estar pendientes de posibles contraindicaciones ni efectos secundarios adversos. Nunca resta, sólo suma.

Sin embargo, a pesar de la multitud de beneficios que nos aporta, no siempre es fácil ser amables. No en vano, la amabilidad podría definirse como la capacidad de amar a los demás en todo momento y frente a cualquier situación, lo que supone grandes dosis de comprensión, consciencia y sabiduría. Posiblemente no seamos Ghandi, pero sí tenemos la capacidad de dejar de mirar hacia otro lado. Específicamente, a nuestra zona abdominal, y más concretamente, a nuestro ombligo. A menudo, tenemos nuestra atención tan centrada en nuestra propia vida que nos olvidamos de todo lo demás. La amabilidad nos brinda la oportunidad de ampliar nuestro marco de visión. Nos cruzamos con muchas personas cada día. El panadero, el camarero del bar donde siempre tomamos café, la dependienta de la carnicería, los vecinos de enfrente… Una simple sonrisa, una mirada directa, un por favor, un gracias, un ¿cómo va todo? Resulta suficiente para animar y conectar con la otra persona.

Eso sin olvidarnos de quienes están más cerca de nosotros. Lamentablemente, a veces la convivencia va en detrimento de nuestra amabilidad. Damos las cosas por sentadas, y no cuidamos las palabras ni la manera en la que pedimos las cosas. En muchas ocasiones, más bien exigimos. Pero esta actitud pocas veces nos acerca a los resultados que esperamos obtener. De ahí la importancia de recuperar una herramienta tan valiosa. Ponerla en práctica con nuestra pareja, nuestros padres y nuestros hijos contribuye a sanar las heridas emocionales y a construir –o reconstruir- una conexión profunda basada en el respeto, la atención plena y el auténtico interés y afecto por el otro.

“Con palabras agradables y un poco de amabilidad se puede arrastrar a un elefante de un cabello” – Proverbio Persa

A menudo, miramos el mundo en el que vivimos, retratado con crudeza en cualquier periódico o telediario, y nos invade una profunda sensación de malestar e incomodidad. Crisis, conflicto, problemas de todo tamaño, forma y color… y aunque nuestro idealista interior nos dice que podemos hacer algo para cambiar el desarrollo de los acontecimientos, solemos acallarlo con el argumento de que ‘no está en nuestras manos’. Si bien es cierto que no tenemos una varita mágica con la que transformar la realidad de un día para otro, sí tenemos la capacidad de marcar pequeñas diferencias, especialmente en el plano emocional. Nuestra vida afecta directa e indirectamente la vida de quienes nos rodean, influyendo en ellos por medio de nuestras decisiones, conductas y actitudes. En última instancia depende de nosotros contribuir a construir un mundo más amable.

Con un par de pequeños gestos podemos cambiar el día a una persona. Incluso, sin saberlo, a más de una. No en vano, la amabilidad es contagiosa. Cuando somos amables inspiramos a otros a actuar del mismo modo. Al igual que lanzar una piedra a un estanque genera ondas por toda la superficie, la amabilidad provoca una reacción en cadena de la misma magnitud. Tan sólo tenemos que preguntarnos: ¿Cómo nos sentimos cuando alguien es amable con nosotros? Lo cierto es que esos pequeños gestos afectan positivamente a nuestro estado de ánimo, y nos impulsan a ‘devolver’ esa amabilidad con otras personas. Lo único que necesitamos para iniciar esta ‘revolución amable’ es dejar de ser meros espectadores de la película de nuestra vida y comenzar a actuar. ¿A qué estamos esperando para expandir la ‘epidemia de la amabilidad’?

( Es un artículo de Irene Orce, periodista y divulgadora especializada en temas de psicología, coaching y desarrollo personal. Foto © Rosana Calvo )