Sueños

Sueños - Foto © Rosana Calvo

En 1619, René Descartes, muy joven todavía, soñó mucho en una sola noche.

Según él contó, en el primer sueño caminaba torcido y no se podía enderezar, peleando a duras penas contra el viento que violentamente lo empujaba hacia el colegio y la iglesia.

En el segundo sueño, un rayo lo arrancaba de la cama y la habitación se llenaba de chispas que iluminaban todo.

Y en el tercero, él abría una enciclopedia, buscando un camino para seguir en la vida, pero a la enciclopedia le faltaban esas páginas.

Los hijos de los días · Eduardo Galeano

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Te lo doy, no. En todo caso te lo cambio. El (des)amor de Alfonso Casas.

Se define a sí mismo como un ilustrador y un perdedor de tiempo profesional.

Dice que lo que más le gusta del mundo es dormir y dibujar, pero que como de lo primero es imposible ganarse la vida, pues lo está intentando con lo segundo.

Es Alfonso Casas. Y en “Te lo doy, no. En todo caso te lo cambio”, de Edicións de Ponent, habla del (des)amor.

Si aún no lo seguís en Instagram, no sé a qué esperáis.

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Podéis encontrar más ilustraciones de Alfonso Casas AQUÍ . Y comprar su libro AQUÍ. Y seguirlo en Facebook, en Instagram, en Flickr, y seguro que en algún que otro sitio más…

Caminar como técnica para pensar

Rosana Calvo Diéguez

Dicen que internet y la tecnología pueden llevar muy lejos. A lugares desconocidos, inimaginables incluso. Pero en un sentido físico, estrictamente físico, podría habernos encadenado a una silla. El ordenador, el coche, el ascensor, el segway… ¿Nos está convirtiendo la modernidad en una versión humana del pollo de jaula?

«Pienso en los sedentarios abstractos que se pasan la vida en un despacho, tecleando. Golpeteos de dedos en un teclado: conectados, como dicen. ¿A qué? A informaciones que varían de segundo en segundo, a flujos de imágenes y de cifras, a cuadros y tablas. Después del trabajo, toca el metro, el tren, la velocidad siempre, con la mirada fija esta vez en la pantalla del teléfono, y vuelta a pulsar teclas, y de nuevo el desfile de mensajes e imágenes», escribe Frédéric Gros. «Anochece ya cuando no han visto siquiera el día. Televisión: una pantalla más. ¿En qué dimensión viven entonces, sin levantan el polvo, sin contacto? ¿En qué espacio sin relieve, en qué tiempo en el que ni la lluvia ni el sol importan? Esas vidas, desligadas de los senderos y de los caminos, nos hacen olvidar nuestra condición: nada del desgaste de las estaciones y del tiempo parece existir».

El filósofo francés reclama la costumbre de caminar y vivir más despacio. Y lo hace en un libro titulado Andar, una filosofía, de Taurus Pensamiento. «Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. (…) ¿Quieren ir más rápido? Entonces no caminen, hagan otra cosa: rueden, deslícense, vuelen. No caminen. Caminando solo una hazaña importa: la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes. Andar no es un deporte».

Andar es libertad. Implica «una desconexión provisional: me escapo de la red unos días, experimento en senderos desiertos lo que es estar fuera del sistema. Pero también se puede decir ‘romper’. A este respecto sería fácil encontrar llamadas a la transgresión y al ‘gran fuera’ en los escritos de Kerouac o Snyder: acabar con las convenciones estúpidas, la seguridad letárgica de las paredes, el tedio de lo idéntico, el desgaste de la repetición, la medrosidad de los pudientes y el odio al cambio. Hay que provocar partidas, transgresiones, alimentar al fin la locura y el sueño.La decisión de caminar (partir lejos, a alguna parte, intentar otra cosa) se entiende esta vez como la llamada de lo salvaje».

Al caminar todo pierde importancia. Todo, de algún modo, queda atrás, para el profesor de filosofía. La identidad de uno mismo, incluso, se disuelve en el camino. «Caminando se escapa a la idea misma de identidad, a la tentación de ser alguien, de tener un nombres y una historia. Ser alguien está bien en las veladas mundanas en las que cada uno habla de sí mismo o en la consulta del psicólogo. Pero ser alguien ¿no es una vez más una obligación social que encadena, una ficción estúpida que pesa sobre nuestros hombros?».

En un sentido político, «la marcha deja entrever un sueño: caminar como expresión del rechazo de una civilización corrupta, contaminada, alienante y miserable». El poeta Whitman hablaba de los vagabundos del Dharma, de su caminar con mochilas por viejos senderos del desierto, negándose a consumir todo lo que la industria produce y «trabajar para tener el privilegio de consumir toda esa mierda que en realidad no necesitan, como refrigeradores, aparatos de televisión, coches, coches nuevos y llamativos […], y porquería en general que siempre termina en el cubo de la basura una semana después».

Desde hace unos años parece que pensar y trabajar solo se puede hacer frente a un ordenador. Tumbarse en un sofá a pensar levanta sospechas. Deambular provoca recelos. También mirar al techo. También caminar. Pilvi Takala lo mostró en una instalación artística llamada The Trainee que expuso el Museo de arte contemporáneo Kiasma de Helsinki en 2008.

Un vídeo relataba esta historia: una joven pasó un mes en una oficina de Deloitte haciendo unas prácticas. En su mesa no había ordenador, ni papeles, ni nada. Los empleados la miraban con asombro y se hacían gestos entre sí como diciendo: ‘Esta mujer está loca’. Algún valiente le preguntó por fin qué hacía y ella dijo que estaba pensando. Los compañeros la miraron con más sorpresa aún. Definitivamente pensaron que la trainee era muy extraña.

Caminar, sin embargo, se ha utilizado durante siglos como una técnica para pensar. Lo hicieron Nietzsche, Rimbaud, Rousseau y Thoruau, entre otros. Kant, Marcel Proust o Walter Benjamin fueron grandes paseantes. Los peregrinos han caminado durante siglos para acercarse a su dios, y Gandhi lideró la marcha política más famosa de la historia. Lo cuenta, en detalle, Frédéric Gros en Andar, una filosofía.

NIETZSCHE

Decía Friedrich Nietzsche (1844-1900) que «hay que sentarse lo menos posible: no creer en ningún pensamiento que no haya surgido al aire libre y estando nosotros en movimiento, en ningún pensamiento en cuya génesis no intervengan alegremente también los músculos. Todos los prejuicios proceden de los intestinos. Ya dije en una ocasión que la vida sedentaria constituye el auténtico pecado contra el espíritu».

El filósofo alemán pensaba que las morales sedentarias habían envenenado a la humanidad. «No somos de esos que solo rodeados de libros, inspirado por libros, llegan a pensar. Estamos acostumbrados a pensar al aire libre, caminando, saltando, subiendo, bailando, de preferencia en montañas solitarias o a la orilla del mar, donde hasta los caminos se ponen pensativos», escribió en La gaya ciencia.

Y así construyó su obra. Nietzsche no era caminante de ciudad. Era andante de naturaleza. En sus marchas por el bosque huía de sus infernales dolores de cabeza y buscaba ideas que no estaban atadas a nada. Nietzsche trabajaba caminando, según Gros. Caminaba solo y a veces hasta ocho horas al día. Andando escribió El paseante y su sombra. Andaba y redactaba a la vez lo que iba pensando en seis cuadernos pequeños.

Pero el hombre que quiso llegar más allá del bien y del mal acabó sentado en una silla de ruedas.

RIMBAUD

Escapó andando hasta París, marchó a Bruselas, deambuló por Londres, atravesó los Alpes y hasta intentó llegar a Rusia. El poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891), cuando era muy joven, dijo que era «un peatón, nada más» y siguió andando el resto de su vida.

«A pie. Siempre a pie y midiendo con las ‘piernas sin rivales’ la amplitud de la tierra», escribe Gros. «Para caminar, para avanzar, hace falta ansia. Siempre se da en Rimbaud ese grito en el momento de la partida, esa alegría rabiosa (…). En las tripas, el dolor de estar aquí, la imposibilidad de quedarse quieto, de enterrarse vivo, de quedarse simplemente».

En 1891 su rodilla se inflama terriblemente. Hay que amputar y pierde la pierna para siempre. Rimbaud sigue haciendo planes con su futura prótesis, pero ya no volverá a caminar. El poeta que vio en la marcha una forma de huida, de dejar atrás y olvidarse de uno mismo y del mundo en cada paso, nunca paró. Ni en su lecho de muerte, donde dijo, como últimas palabras: «Deprisa, nos esperan».

ROUSSEAU

El filósofo ginebrés (1712-1778) detestaba los escritorios. Pensar es, para Jean-Jacques Rousseau, una extensión de caminar. De los 17 a los 19 años anda sin cesar. Después verá los caminos en coche de caballos, con gran disgusto, según escribió en Las confesiones.

«Solo he viajado a pie en mis días de juventud, y siempre con delicia. Pronto los deberes, los asuntos y un equipaje que llevar me obligaron a dármelas de señor y a utilizar vehículos, a los que conmigo subían atormentadoras preocupaciones, apuros y molestias, mientras que antes en mis viajes no sentía otra cosa que el placer de caminar. Desde entonces no he sentido otra cosa que la necesidad de llegar».

Fue caminando por el bosque como Jean-Jacques Rousseau escribió su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Andando descubrió alhomo viator (hombre que camina), «el que no está desfigurado por la cultura, la educación y las artes; el de antes de los libros y los salones; el de antes de las sociedades y el trabajo». Entre los árboles busca Rousseau a ese primer hombre anterior a toda civilización, «saturado de cortesía e hipocresía, lleno de maldad y de envidia». Es su buen salvaje.

Pero la vida hace el paisaje gris y en sus últimos paseos no busca inspiración. Al contrario. «Los últimos paseos tienen la inmensa dulzura del desapego», escribe Gros. «Ya no hay nada que esperar, nada que aguardar. Vivir solamente, permitirse existir».

THOREAU

El siglo XIX trajo las grandes producciones en masa y las explotaciones industriales. Los hombres empiezan a saquear la naturaleza. El filósofo Henry David Thoreau (1817-1862) se siente abrumado ante un capitalismo feroz y propone una nueva economía en la que «el coste de una cosa es la cantidad de vida que hay que dar a cambio de ella» (Walden, 1854).

«Es también una manera de distinguir el provecho del beneficio. ¿Qué provecho saco de una larga caminata por el bosque? El provecho es nulo: no se ha producido nada que pueda luego venderse, ni se ha realizado algún servicio social que pueda rentarme nada. A ese respecto, la marcha es desesperadamente inútil y estéril. En términos de economía tradicional, es tiempo perdido, malgastado, tiempo muerto, sin producción de riqueza. Y sin embargo para mí, para mi vida, no diría siquiera interior, sino total, absoluta, el beneficio es inmenso», explica Gros en su obra. «Vivir, en el sentido más profundo, es algo que nadie puede hacer por nosotros. En el trabajo puede sustituirnos alguien, pero no al caminar. Ese es el gran criterio».

El naturalista estadounidense medía el valor de las cosas en la calidad de las vivencias. Decía: «¿Cuánta vida pura pierdo cuando me esfuerzo en ganar más dinero? Lo que les cuesta a los ricos ser ricos: trabajo, preocupaciones, desvelos, no descansar nunca». Él, en cambio, no necesitaba posesiones. Le bastaba con hacer suyo lo que veía. Así lo sentía. Todo el bosque, todo el mundo, para él.

Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado a vivir. – H.D. Thoreau -El diario (1837-1861)

Es un artículo de Mar Abad para Yorokobu

Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End

Rosana Calvo Diéguez

“En el año cuarenta y tres de su vida, William Stoner aprendió aquello que otros mucho más jóvenes habían aprendido antes que él: que la persona que se ama al principio no es la persona que se ama al final, y que el amor no es un fin, sino un proceso durante el cual una persona intenta conocer a otra persona”

Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End • Paula Bonet

La carta esférica

Rosana Calvo Diéguez

“Es bueno que algo siga inmutable en alguna parte mientras la gente precise trazar rumbos sobre una carta náutica o sobre el difuso paisaje de una vida”

“En el extraño orden del Universo, como en el jazz, se daban azares, improvisaciones tan matemáticas que uno se preguntaba si no estarían escritas en alguna parte”

“A veces, se dijo, la vida resulta previsible de puro imprevisible. Dudó un poco antes de añadir: o viceversa”

“Era bueno no esperar nada de la gente, y que la bolsa de viaje fuese lo bastante ligera como para echársela al hombro y caminar hasta el puerto más próximo sin lamentar lo que se dejaba atrás”

“Le dirigó una mirada ni fugaz ni detenida, ni curiosa ni indiferente. Tan serena y segura de sí que no parecía humana. Y Coy se preguntó cuántas generaciones de mujeres eran necesarias para mirar de ese modo”

“Me pregunto, se dijo, si esta mujer intuye mis pensamientos o si es precisamente ella la que me los pone dentro y luego los baraja y los extiende sobre la mesa como si se tratara de un mazo de cartas”

“A veces los barcos se perdían en el mar, pero mucho más a menudo los barcos y los hombres se perdían en tierra”

“-¿Qué buscas de ella? – Quiero contarle las pecas, Piloto.¿Te has fijado? Tiene miles, y quiero contárselas todas, una a una, recorriéndola con el dedo como si se tratara de una carta náutica. Quiero trazar rumbos de cabo a cabo, fondear en las ensenadas, barajarle la piel…¿comprendes?”

“-Pronto las estrellas brillarán inútilmente sobre el mar, porque los hombres ya no las necesitan para buscar su camino. -¿Eso es malo? – No sé si es malo. Sé que es triste”

“Los hombres vamos por la vida a trompicones, de aquí para allá…Solemos envejecer y morir sin comprender bien lo que pasa. Pero ellas son distintas. (…) A veces la miro y pienso que sabe cosas de mí que yo mismo no sé”

“…y Coy se preguntó, envidiándolo, qué debía sentir el hombre que por primera vez salió a la caza de una ballena, un tesoro o una mujer sin haberlo leído antes en ningún libro”

“-Me pregunto, dijo, qué recordarás de mí. -Es pronto para saberlo.Todavía no ha terminado. – Me pregunto qué recordarás de mí cuando haya terminado.”

Y una de mis citas favoritas…

“- A veces hay finales felices, Coy. – Claro. A veces. Resérvame uno”

La carta esférica · Arturo Pérez Reverte

Amor, etcétera

Amor, etcétera

“Nos conocimos, nos enamoramos y nos casamos. Cometí el error de pensar que era el final de la historia, cuando no era más que el principio. Supongo que es un error que cantidad de gente comete. Hemos visto demasiadas películas, leído demasiados libros, creído demasiado a nuestros padres”

“La historia de nuestra vida no es nunca una autobiografía, es siempre una novela: es el primer error que la gente comete. Nuestros recuerdos son sólo otro artificio”

“Todo el mundo tiene a alguien, o a un pedazo de alguien, o la expectativa o el recuerdo de alguien, a quien o a lo que desecha o traiciona en cuando conoce a fulano o mengana”

“Lo cierto es que se puede querer a dos personas, a una después de la otra y una interrumpiendo a la otra, como yo hice. Las amas de maneras distintas. Y eso no quiere decir que uno de los amores sea verdad y el otro falso”

“¿Tú crees que existe? Me refiero a la justicia en este mundo. ¿Crees que la virtud es recompensada y el vicio es castigado? ¿Crees que la virtud entraña su propia recompensa? Me parece que hay en esto una repercusión más bien masturbatoria. La virtud, supuestamente, tiene que aprender a ser autogratificante, porque nadie más que su poseedor va a ponerla cachonda. ¿Y lo opuesto es también cierto, que el vicio entraña su propia recompensa? Esto parece más acertado”

“Cada relación encierra los fantasmas o las sombras de todas las demás relaciones que no existen.Todas las alternativas abandonadas, las elecciones olvidadas, las vidas que podrías haber llevado y no lo has hecho. La idea me pareció enormemente consoladora porque era cierta, y al mismo tiempo sumamente inquietante”

“Hay montones de cosas en la vida que no son sencillas ¿verdad? Que tus amigos no te gusten, por ejemplo. O, mejor dicho, que te gusten y no te gusten al mismo tiempo”

“La amistad no es tan sencilla, ¿verdad? Conoces a alguien, te gusta, hacéis cosas juntos y sois amigos. Pero no hay una ceremonia en que se diga que lo sois, y no tenéis una meta. Y a veces sois amigos únicamente porque tenéis amigos comunes. Y hay amigos a los que no has visto durante una temporada y reanudas la amistad con ellos al instante, en el mismo punto en que dejasteis de veros; y otros con los que hay que empezar otra vez desde el principio”

“Estaba claro que ella esperaba a que le diese una explicación. Pero es una de las cosas que he aprendido a medida que me hago mayor. Uno no tiene que dar explicaciones si no le apetece”

“Siempre he pensado que si quieres llegar a conocer mejor a una persona, no tienes que llevarla a cenar a la luz de unas velas, sino observarla mientras trabaja. Cuando está absorta, pero no en ti”

“Hay muchas teorías sobre con qué se casan los hombres -con su destino sexual, su madre, su doppelgänger, el dinero de su esposa- , pero ¿qué tal la idea de que lo que buscan realmente es su conciencia? Dios sabe que la mayoría de los hombres no saben situarla en su sede tradicional, en algún punto cercano al corazón y al bazo, así que ¿por qué no adquirirla como un accesorio, como un techo de vehículo tintado o un volante con radios de metal? ¿O no podría ser, alternativamente, que lo que los hombres buscan no sea eso, sino aquello en que el matrimonio, necesariamente, convierte a las mujeres? Ahora bien, eso sería bastante más banal. Por no decir más trágico”

“Nunca se ha compadecido de ella misma; o si lo ha hecho, no lo admite. Tiene su orgullo. La vida no le ha ido como ella esperaba, pero se maneja bien. ESto no parece una lección, ¿verdad? Aún así, es la que ella me enseñó. Cuando yo estaba creciendo siempre me daba consejos y yo no los escuchaba, y la única lección de verdad que aprendí fue una que ella no trató de inculcarme”

“Ese es el motivo por el cual ya no explico tanto las cosas. Las hago, eso es todo”

“Hay unos cangrejos violinistas que supongo que no existen en vuestro país. Lo que tienen de especial es que desarrollan una pinza grande, sólo una: la otra conserva su tamaño normal. Y como esa pinza grande es un auténtico manjar, los cangrejeros la arrancan y tiran el resto del cangrejo al agua. ¿Y sabes qué hace el cangrejo? Empieza a regenerar la pinza perdida. Es lo que dice la gente. Así que supongo que es cierto. Se diría que el cangrejo debería quedar traumatizado, hundirse en el agua y morirse. Qué va. Vuelven otra vez, como si nunca les hubiesen arrancado la pinza. Como dice mi amiga Marcelle: ¿no te recuerda algo?”

“En mi experiencia, en lo que valga, no sucede que primero conoces a alguien, luego te enteras de una serie de datos sobre ese alguien y a partir de ellos decides que te gusta. Es al revés: alguien te gusta y después buscas pruebas que respalden ese sentimiento”

“Hay sentimientos que no tienen sentido, que no van a ningún sitio. Y como les falta rumbo, se te pueden escapar de las manos”

“La aparente paradoja de su vida consistió en que cuanto más se distanciaba de tierra firma, más crecía su sabiduría, hasta el punto que afluía un número cada vez mayor de gentes en busca de consejo y de consuelo. Una bonita parábola de sagacidad y su consecución, n’est-ce pas? Sólo alejándote del mundo lo ves claramente. Abandonas el mundo con el fin de comprenderlo. Huyes en pos del conocimiento”

“No se consiguen las cosas no pidiéndolas. Tampoco si no las quieres. (…) Cuando yo era más joven, recibí lo que me daban. La vida parecía hecha de ese modo. Y en la trastienda de mi mente supuse que existía algún sistema de justicia ahí arriba. Pero no existe. O si existe, no es para la gente como yo. Ni como tú, probablemente. Si sólo obtenemos lo que nos dan, no conseguimos gran cosa, ¿eh? Y todo gira en torno al deseo, ¿no? Cuando yo era más joven había cantidad de cosas que fingía querer o suponía que quería, sencillamente porque otras personas deseaban lo mismo. No pretendo ser más viejo ni más sabio -bueno, sólo un poco- pero actualmente sé lo que quiero y no pierdo el tiempo con lo que no quiero”

“Creo que los niños contraen fácilmente el hábito de creer que simplemente decir que quieren algo es una expresión interesante y valiosa de su personalidad. Creo también que es malo para ellos en la vida futura: quieres algo y lo tienes. Las cosas no van a ser así en la vida.¿Cómo le explicas a un niño que más adelante será algo normal querer algo sin tener siquiera una oportunidad de conseguirlo? ¿O al revés: conseguir algo para luego descubrir que no lo quieres, en definitiva, o que no es lo que pensabas que sería?”

“Querer es desear, y también carecer. Se desea lo que no se tiene. ¿Es tan sencillo como esto? ¿O puedes querer lo que ya has obtenido? En efecto: se puede desear la bochornosa continuidad de lo que ya se posee. Y también se puede querer deshacerse de lo que uno tiene, en cuyo caso, aquello de lo que careces ¿es carencia de algo? Veo que las cosas tienden a superponerse en esta zona”

“Quiero que la gente resulte ser, cuando llegas a conocerla mejor, exactamente como creías que era cuando la conociste”

Fragmentos de “Amor, etcétera”  de Julian Barnes 

Into the wild

christopher mccandless alexander supertramp

Into the wild  (Hacia rutas salvajes, en España) no es, ni de lejos, una de mis películas favoritas, pero quizás sí una de las que más me han impactado, y que más lecciones han dejado en mi vida. La principal: Happiness only real when shared. La felicidad sólo es real cuando se comparte.

Esa frase la escribió Christopher McCandless, un joven estadounidense que, harto de sus problemas familiares y las rutinas de su vida, decidió donar todos sus ahorros a causas benéficas y emprender una aventura que le permitiese descubrirse a sí mismo.

“Los únicos regalos del mar son golpes duros, y ocasionalmente la oportunidad de sentirse fuerte. No conozco mucho acerca del mar, pero sé que así es. Y también sé lo importante que es en la vida no necesariamente ser fuerte, sino sentirse fuerte. Medirse uno mismo aunque sea una sola vez” (CM)

Después de dos años recorriendo América (usando el nombre de Alexander Supertramp) sus ganas de vivir intensamente lo llevaron hasta Alaska, un territorio salvaje en el que McCandless se adentró sin apenas conocimientos ni recursos. Allí vivió -refugiado en un autobús abandonado- las aventuras más emocionantes de su vida, y aprendió cosas que en ningún otro lugar podría haber aprendido, al menos no con tanta intensidad.

“He decidido que voy a vivir esta vida algún tiempo” (CM)

La historia de McCandless la contó por primera vez a los medios el escritor -y montañista- Jon Krakauer, en la revista Outside, en 1993. Escribió un artículo titulado ‘Death of an innocent’, que posteriormente él mismo convertiría en una novela titulada ‘Into the wild’ , basada en numerosas investigaciones, y en el diario que el propio McCandless dejó escrito. El círculo de esta historia lo cerró una película -ésta, de la que os hablo- dirigida por Sean Penn.

Además de una estética visualmente cautivadora (que entusiasmará, sobretodo, a los amantes de la naturaleza), la película cuenta con una banda sonora alucinante, obra de mi queridísimo y admiradísimo Eddie Vedder. Su inconfundible voz, en determinados momentos del film, lo vuelve todo aún más intenso si cabe.

“Such is the way of the world you can never know…just where to put all your faith and how will it grow…Gonna rise up burning back holes in dark memories…gonna rise up turning mistakes into gold…Such is the passage of time too fast to fold…and suddenly swallowed by signs low and behold…Gonna rise up find my direction magnetically..gonna rise up throw down my ace in the hole”(Rise – Eddie Vedder)

– Vida al aire libre: ¿Cuál es tu fascinación con todas esas cosas? 
– Me voy a ir a Alaska. 
– ¿Alaska Alaska? ¿O la ciudad de Alaska? Porque tienen mercados en Alaska. En la ciudad de Alaska, no en Alaska. En la ciudad de Alaska tienen mercados. 
– No. Alaska Alaska. Me voy a ir ahí. Por mi propia cuenta. Ya sabes, sin el maldito reloj, sin mapa, sin hacha, sin nada. Nada. Sólo estar ahí. Solo estar en ese lugar. Ya sabes, grandes montañas, ríos, cielo, juego. Sólo estar ahí, en la naturaleza. 
– En la naturaleza. 
– Sólo naturaleza. 
– Siiii. ¿Qué vas a hacer cuando estemos allí?. Ahora estás en la naturaleza ¿Qué vamos a hacer? 
– Solo estás ahí, en ese momento, en ese tiempo y lugar especiales. Tal vez cuando regrese, podría escribir un libro sobre mis viajes. 
– ¿Por qué no? 
– Tú sabes, un libro sobre largarse de esta enferma sociedad. ¡La Sociedad! 
– ¡La sociedad!,¡La sociedad! 
– La sociedad. Ya sabes la sociedad. Porque ¿sabes lo que no entiendo? No entiendo porque la gente, porque cada maldita persona es tan mala con su prójimo tan a menudo. No tiene sentido para mi. 
– ¿De que “gente” estamos hablado? 
– Ya sabes, los padres, los hipócritas, los políticos, los corruptos. 
– Esto es un error. Es un error meterse tan profundamente en esa clase de cosas. Alex, eres un joven increíble. Pero te prometo esto: ¡Eres joven! ¡No puedes jugar siempre con sangre y fuego!